Manuel Basaldúa Hernández
El marco del HayFestival que ha inundado las calles y recintos del Centro Histórico de Querétaro ha contado con personajes, escritores e intelectuales protagonistas de la cultura y la vida erudita a nivel mundial para convivir con el público de nuestra ciudad.
Juan Villoro, el intelectual más prominente de nuestro país en la actualidad estará los primeros días de septiembre en el adoquinado Jardín Guerrero para conversar con Gonzalo Celorio y Concepción Company quienes presentaran su Diccionario de mexicanismos.
Villoro (nacido en México en 1956), quien se ha forjado como unos de los máximos conocedores de la creación y cultura mexicana cuenta además con una amplia bibliografía en su haber. Recuerdo haber leído en mi juventud sus primeras publicaciones, que nos permitían identificarnos con sus personajes, y entre otros su “La noche navegable” y “Albercas” de la editorial Joaquín Mortiz, y años más tarde su “libro salvaje”. Las frecuentes y sesudas conferencias que él ha dictado en El Colegio Nacional siguen siendo una fuente importante en streaming de datos, análisis y divulgación del trabajo de nuestros destacados autores y su marco en el universo literario, así como otros temas relevantes para nuestra formación e información cultural.
Juan Villoro deshilvano en una de esas conferencias “La Sombra del Caudillo” de Martín Luis Guzmán, y entre sus reflexiones señalaba que el estado mexicano -citando a Federico Campbell-, que “el estado mexicano moderno surge de actos delictivos. (Martín Luis Guzmán nos advierte) como es que el estado mexicano moderno basa su política en delitos, crímenes y traiciones, la gran matriz para entender el modus operandi de la política mexicana es La Sombra del Caudillo.” Texto donde advierte que “en México el sufragio no existe: existe la disputa violenta de los grupos que ambicionan el poder, apoyados a veces por la simpatía pública”
En nuestra historia actual, más bien del presente bajo el Gobierno de López Obrador, se sigue estirando aquella situación de la que habla Martin Luis Guzmán, y que un día pensábamos que pudiéramos deshacernos de ese estado naciente delictivo, traicionero y violento de la revolución al dejarnos endulzar el oído con la promesa de un candidato al Gobierno de la República, perseverante y tenaz en terminar con la corrupción, y dejar a un lado la sospechosa presencia de los militares en la vida civil de la sociedad mexicana al regresarlos a los cuarteles.
Villoro tenía algo de fe, como millones de nosotros, en que se pudiera hacer algo distinto a lo de los tantos sexenios de gobiernos anteriores. Incluso llegó a atreverse a participar como intelectual orgánico en los primeros intentos de llegar a la presidencia de López Obrador en 2006 y le brindó su apoyo. Ahora cuando este político tabasqueño venido a vulgar mandatario caudillista y totalitario populista llegado al poder, también ha llegado el desencanto de gran parte de la sociedad mexicana ante la conducta del presidente con debilidad por el poder, la corrupción, la militarización, y la destrucción de las elementales instituciones públicas que tanto costaron erigirlas aún en contra de muchas administraciones pasadas. Y desde luego, también llegó el desencanto de Villoro por esta forma de gobernar del líder de la Cuatro Te. Líder que al saber de las criticas certeras de Villoro a ese gobierno, inmediatamente lo atacó y lanzó sus peroratas bravuconas, para descalificar infructuosamente el trabajo y prestigio del autor de “La tierra de la gran promesa”.
Con estas líneas dejamos constancia de un fraternal saludo a quien nos ha escrito un texto para, en palabras de Jorge Comensal, “ayudarnos a comprender nuestra época y perdonar a esta tierra por no cumplir las promesas que nos hizo en sueños.”
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